May 30, 2012

Acapulco, Mexico

Como en junio de 2010, Ricardo (mi novio) y yo dijimos "¿por qué no nos vamos de viaje a algún lugar del mundo?". Muchas respuestas surgieron a esa pregunta: Argentina, Brasil, Colombia, Panamá, viaje por carretera hasta Panamá (hasta que descubrimos que por Colombia no había paso hacia allá) y un sinfín de destinos. Después de días de discusión decidimos hacer un tour por Centroamérica.

El venezolano normal sólo le gusta viajar a comprar y a sitios que ya conoce, bien sea por referencia de otros o porque han ido varias veces, léase Miami, New York y alguno que otro lugar de Europa. Por eso cuando dijimos que íbamos a "hacer un tour por todo Centroamérica" TODO el mundo pegó un grito al cielo.

Todo pasó DEMASIADO rápido, planeamos el viaje, compramos los pasajes, compramos las cosas que hacían falta (backpack, hamacas para camping -que nunca utilizamos-, kit de primeros auxilios...), hicimos el itinerario de los días y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en DF, México.

Nuestra primera parada: ACAPULCO. 

Acapulco, allá vamos
Al principio queríamos ir a Cancún, pero era muy complicado porque el viaje en autobús era de 24 horas, mientras que Acapulco quedaba a sólo 5 horas del DF. Llegamos a Acapulco y con la biblia de todos los mochileros en mano (Lonely Planet) llegamos al hostal, dejamos las cosas y empezamos a recorrer Acapulco. 

El primer día no hicimos mucho, solo recorrimos lo que quedaba cerca y ya. Al día siguiente nos levantamos tempranito y fuimos a la playa (no recuerdo el nombre). El clima estaba TERRIBLE, no había sol y el cielo después de un rato de estar en la playa se puso NEGRO.



Antes de que empezara a llover, agarramos un autobús hasta el Museo Histórico de Acapulco, Fuerte de San Diego. Tiene un museo adentro y todo lo demás. Lo tienen muy bien conservado, desde la infraestructura hasta las piezas de las colecciones que exhiben en el museo. Y la vista es espectacular.



Como estábamos en Acapulco por 2 días, hicimos todo lo que pudimos. De ahí fuimos a un mercadito de cosas típicas de México hechas por artesanos, incluso había una señora pintando un plato. Compramos unas cositas, después compramos un pasaje del DF hasta Tapachula, y para terminar el día fuimos a ver a los clavadistas. Es DEMASIADO impresionante, no se cómo hacen. Si tienen la oportunidad, deberían ir a verlos.


Regresamos al hotel, arreglamos las cosas, nos acostamos a dormir para levantarnos temprano al día siguiente para regresar al DF, para agarrar un avión hacia Tapachula. ¿Por qué Tapachula? En el próximo post lo sabrán.

Besos, 
M.